Retiro de Emaus 2019
Parroquia San Francisco de Asís. A Coruña

8-10 Noviembre 19

Retiro de Emaús Galicia 

para mujeres

15-17 Noviembre 19

Retiro de Emaús Galicia

para hombres

Contacto:

Email Emaús mujeres: emausmujeresfranciscanos@gmail.com

Email Emaús Hombres: emaushombresfranciscanos@gmail.com

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¿Qué es un retiro de Emaús?

Se trata de una cita personal e íntima con Dios. Para conocer y reconocer su AMOR por ti. A lo largo de un fin de semana, los caminantes, (personas que haceis el retiro), os encontraréis con EL, descubriréis el Inmenso Amor que tiene a cada uno de vosotros, a cada persona que camina contigo. Descubriréis el  extraordinario Don que es Dios en tu vida, y al reconocerle, el corazón arde por saberte amado de Dios.

Los Retiros de Emaús están basados en el pasaje bíblico del evangelio según San Lucas, capítulo 24, versículos 13-35, donde dos discípulos se dirigen a un pueblo llamado Emaús, cerca de Jerusalén. Por el camino van hablando de todo lo que ha pasado en Jerusalén. Mientras hablan, Jesús mismo se acerca y comienza a caminar con ellos, pero no le conocen. Al caer la noche  ellos le invitan a quedarse; cuando ya están sentados a la mesa, toma en sus manos el pan, y dando gracias a Dios, lo parte y se lo da. En ese momento se les abren los ojos y reconocen a Jesús que ha resucitado.

Los Retiros de Emaús nacieron en Miami hace 35 años y están en España desde el 2009. Comenzaron en Madrid, y llegaron a Galicia el pasado año 2018, con la aprobación y presencia de nuestros obispos de Santiago.: D. Julián y D. Jesús.

Da igual si estás ahora mismo alejado de Dios y de su Iglesia o si tienes un fe cuidada. El Amor de Dios está esperándote en un Retiro de Emaús.  Los Retiros de Emaús se llevan a cabo para todo el mundo, promovidos por una parroquia. Está preparado por laicos y para laicos, bajo la supervisión del párroco o sacerdote responsable del retiro. Hay charlas, oración, compartir de grupo, música, interiorización y testimonios de fe de personas laicas que nos muestran cómo su vida se ha ido transformando.

`¡Quédate con nosotros, Señor!'

¿Quién puede hacer el retiro?

Cualquier persona puede hacer el Retiro, no importa al grupo que pertenezca ni el camino andado hasta hoy. Se invita a todas las personas de la parroquia a hacerlo antes o después, y está abierto a personas que vengan de otras parroquias, ciudades y diócesis. creyentes y ateos, jóvenes y adultos. También los sacerdotes están invitados. Todos tienen derecho a reencontrarse con ÉL.

¿Puedo repetir?

Estos retiros se hacen una sola vez en la vida (como caminante).Tras el retiro, puedes ser servidor en los siguientes, ayudando a otros en la experiencia que tú has tenido. La parroquia fija las fechas para los retiros, coordinando hombres y mujeres.

Cada retiro es un camino en el que tú escucharás todo lo que Dios ha hecho por ti y por los caminantes que te acompañan y por los que te han precedido. Jesús te abrirá los ojos para que le reconozcas en la Eucaristía y en tu vida. 

La consecuencia lógica es la implicación de los caminantes en las diferentes actividades de su parroquia, en comunión con los que ya han pasado por Emaús. Sea cual sea tu momento, estás invitado a ser parte activa de la comunidad, para llevar ese Espíritu que Dios nos acaba de dar a través de Emaús

El Papa Francisco sobre Emaús...

- En el encuentro con el episcopado brasileño (Arzobispado de Río de Janeiro, Sábado 27 de julio de 2013): El icono de Emaús como clave de lectura del presente y del futuro.

Es el misterio difícil de quien abandona la Iglesia; de aquellos que, tras haberse dejado seducir por otras propuestas, creen que la Iglesia -su Jerusalén- ya no puede ofrecer algo significativo e importante. Y, entonces, van solos por el camino con su propia desilusión. Tal vez la Iglesia se ha mostrado demasiado débil, demasiado lejana de sus necesidades, demasiado pobre para responder a sus inquietudes, demasiado fría para con ellos, demasiado autorreferencial, prisionera de su propio lenguaje rígido; tal vez el mundo parece haber convertido a la Iglesia en una reliquia del pasado, insuficiente para las nuevas cuestiones; quizás la Iglesia tenía respuestas para la infancia del hombre, pero no para su edad adulta. El hecho es que actualmente hay muchos como los dos discípulos de Emaús; no sólo los que buscan respuestas en los nuevos y difusos grupos religiosos, sino también aquellos que parecen vivir ya sin Dios.

Hace falta una Iglesia que no tenga miedo a entrar en la noche de ellos. Necesitamos una Iglesia capaz de encontrarlos en su camino. Necesitamos una Iglesia capaz de entrar en su conversación. Necesitamos una Iglesia que sepa dialogar con aquellos discípulos que, huyendo de Jerusalén, vagan sin una meta, solos, con su propio desencanto, con la decepción de un cristianismo considerado ya estéril, infecundo.

La globalización implacable y la intensa urbanización, a menudo salvajes, prometían mucho. Muchos se han enamorado de sus posibilidades, y en ellas hay algo realmente positivo, como por ejemplo, la disminución de las distancias, el acercamiento entre las personas y culturas, la difusión de la información y los servicios. Pero, por otro lado, muchos vivencian sus efectos negativos sin darse cuenta de cómo ellos comprometen su visión del hombre y del mundo, generando más desorientación y un vacío que no logran explicar. Algunos de estos efectos son la confusión del sentido de la vida, la desintegración personal, la pérdida de la experiencia de pertenecer a un "nido", la falta de hogar y vínculos profundos.

Y como no hay quien los acompañe y muestre con su vida el verdadero camino, muchos han buscado atajos, porque la «medida» de la gran Iglesia parece demasiado alta. Hay aun los que reconocen el ideal del hombre y de la vida propuesto por la Iglesia, pero no se atreven a abrazarlo. Piensan que el ideal es demasiado grande para ellos, está fuera de sus posibilidades, la meta a perseguir es inalcanzable. Sin embargo, no pueden vivir sin tener al menos algo, aunque sea una caricatura, de eso que les parece demasiado alto y lejano. Con la desilusión en el corazón, van en busca de algo que les ilusione de nuevo o se resignan a una adhesión parcial, que en definitiva no alcanza a dar plenitud a sus vidas.

La sensación de abandono y soledad, de no pertenecerse ni siquiera a sí mismos, que surge a menudo en esta situación, es demasiado dolorosa para acallarla. Hace falta un desahogo y, entonces, queda la vía del lamento. Pero incluso el lamento se convierte a su vez en un boomerang que vuelve y termina por aumentar la infelicidad. Hay pocos que todavía saben escuchar el dolor; al menos, hay que anestesiarlo. Ante este panorama hace falta una Iglesia capaz de acompañar, de ir más allá del mero escuchar; una Iglesia que acompañe en el camino poniéndose en marcha con la gente; una Iglesia que pueda descifrar esa noche que entraña la fuga de Jerusalén de tantos hermanos y hermanas; una Iglesia que se dé cuenta de que las razones por las que hay gente que se aleja, contienen ya en sí mismas también los motivos para un posible retorno, pero es necesario saber leer el todo con valentía. Jesús le dio calor al corazón de los discípulos de Emaús

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Parroquia S.Francisco de Asís